• Vivimos rodeados de cientos de sustancias químicas de las cuales apenas somos conscientes, bien por nuestra ignorancia sobre el tema, bien por la imposibilidad de probar estos materiales debido a la cada vez más rápida evolución de la industria química y al afán de venta masivo de los fabricantes haciendo imposible, en muchas ocasiones, prever posibles reacciones adversas.

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    Cada vez es más frecuente encontrar personas que desarrollan extrañas alergias hacia productos tan inofensivos que no harían a nadie pensar que suponen una gran amenaza para nuestra salud. Y es que la utilización indiscriminada de productos químicos por parte de grandes empresas, está dando como resultado cientos de casos de gente que no puede tocar el plástico, que la ropa le produce quemaduras o el caso que hoy traemos, rellenos de sillones y sofás que obligan a los dueños a abandonar sus propias casas.

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    ESTUDIOS EN ESTADOS UNIDOS

    Desde los años 70 se han venido realizando distintos estudios en los que se han podido vincular los químicos utilizados en la espuma de los sillones con trastornos hormonales, daños neurológicos y reproductivos e incluso cáncer. Uno de estos tóxicos es el llamado PBDE (Éter Difenílico Polibromado), que se utiliza para proteger los sofás, colchones, sillas y demás mobiliario del fuego. El problema es que esta sustancia se desprende fácilmente, por lo que sus moléculas pasan al aire, donde pueden ser inhaladas o ingeridas fácilmente.

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    El pasado año, desde la Universidad Duke y el Green Science Policy Institute se publicó un estudio en el que se analizaban precisamente los compuestos de la espuma de 101 sofás comprados en Estados Unidos entre 1984 y 2010, encontrando que el 85% de ellos contenían TDCPP, un químico retardante del fuego poco recomendable. Una cifra mucho más elevada de lo que se esperaba, ya que aunque en Estados Unidos el TDCPP no está prohibido, sí que está incluido en la lista de químicos cancerígenos de California desde el año 2011.

    PROBLEMAS CON SOFÁS VENDIDOS EN EUROPA

    Aunque en el viejo continente la legislación en estos aspectos no es tan permisiva y está más controlada, en nuestro país, encontramos también casos de sofás tóxicos. El primero es el de una familia madrileña, que tras comprar un sofá en una gran superficie, tuvo que acudir al hospital debido a un extraño caso de alergia en las manos, provocado porque su nuevo sofá había sido tratado con DMF (Dimetilfumarato), una sustancia que se utiliza para combatir las humedades y los hongos y prohibida en la Unión Europea ya que provoca distintas reacciones alérgicas como picores, erupciones cutáneas, quemaduras o problemas respiratorios.

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    Este tipo de casos también ha tenido damnificados en Francia, ya que la cadena de tiendas sigue trabajando a nivel europeo. Actualmente, sigue vendiendo sofás que no cumplen todas las leyes en cuanto a tratamientos químicos tóxicos en la espuma de sofás y sillones.

    Y es que, el problema de este tipo de químicos, es que una vez entran en contacto con el aire, aunque nos deshagamos del sofá, la sustancia permanece ahí, y es lo que realmente lo convierte en un factor peligroso para nuestra salud.

     MÉXICO, ARGENTINA, REINO UNIDO…

    Estos casos, desgraciadamente, no son ni mucho menos excepciones, sino un problema a nivel global que nos obliga a los consumidores a estar con los cinco sentidos cuando compramos un sofá para nuestra casa.

    Desde países como Argentina o México se han recibido quejas precisamente por la pasividad de los gobiernos ante la utilización de químicos tóxicos no solo en tapicerías o espumas de sofás, sillones, chaise longues o sillas, sino también en los tratamientos y barnices utilizados en las maderas de todo el mobiliario doméstico.

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    Recientemente en Londres, se imponía precisamente una indemnización por más de 20 millones de libras a un afectado por el DMF. Y éste no es un caso aislado; cada vez son más los afectados que van saliendo a la luz. Uno de los problemas principales viene de que la mayor parte de este tipo de mobiliario, como sofás, sillones, sillas o pufs, provienen de países con un control mucho más relajado respecto a la legislación de químicos tóxicos y en los que las leyes sobre su uso suelen ser escasas, cuando no inexistentes.

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    EN RESUMEN

    La importancia de informarnos y estar 100% seguros de qué es lo que realmente hay tras un bonito y económico sofá, es un tema de vital importancia para nuestra salud y la de nuestros hijos porque lo que está en juego es el bienestar familiar. Comprar un sofá con una certificación adecuada que garantiza el proceso de fabricación y que los productos usados en él están libres de cualquier sustancia nociva, puede ser el punto de partida, pero no el único. Pregunta siempre a tu vendedor cualquier tipo de duda que puedas tener al respecto, e incluso en caso de necesidad, ponte en contacto con el fabricante, ya que la compra de un sofá, como ves, es más importante de lo que parece.

    Aquaclean, en la fabricación y confección de sus tejidos, ratifica que no utiliza ninguno de los productos mencionados en este artículo y que además, para mayor garantía y seguridad del producto, cumple la norma OEKOTEX 100 de Control de Sustancias Nocivas.

     

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